El día que fuimos olímpicos

6.a.-mexico 68 Con ocasión de los Juegos de la XIX Olimpiada, celebrados en Ciudad de México entre el 12 y el 27 de octubre de 1968, se ideó por el Comité Organizador un plan por el que se emulara la ruta que siguió Cristóbal Colón en el descubrimiento de América para el recorrido de la Antorcha Olímpica. El 23 de agosto de 1968 la Llama Olímpica prendió por medios naturales en  Olimpia, iniciándose el recorrido que debería seguir hasta su llegada al Estadio Olímpico el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, inaugurándose los Juegos.

Así, tras su paso por Grecia e Italia, el Fuego arribó a Barcelona el 30 de agosto, en el mismo lugar en donde se recibió a Cristóbal Colón luego de su Viaje del descubrimiento. Ahí empezó el recorrido por las tierras españolas, ya que antes de su llegada a Palos, donde se iniciaría el paso del Océano Atlántico con escalas en las Islas Canarias, la Llama pasaría por las provincias de Lérida y Zaragoza, antes de transcurrir por la de Soria camino de Medinaceli, adonde llegaría el 3 de septiembre de 1968, como paso previo a su recorrido por las de Guadalajara, Madrid, Toledo, Extremadura, Sevilla y, finalmente Moguer.

Cuentan las crónicas de la época que de Zaragoza, atravesando la provincia de Soria, la Llama Olímpica fue conducida en tramos respectivos de un kilómetro por 182 corredores, llegando a Medinaceli, donde una multitud que entonaba el Himno Olímpico brindó una recepción jubilosa, mientras el cielo se llenaba con el lucero de la pirotecnia dispuesta para solemnizar la llegada: los cinco aros olímpicos iluminaron brevemente la noche de Medinaceli con los colores azul, amarillo, negro, verde y rojo característicos. El fuego se depositó en el pebetero instalado en la Plaza Mayor de la villa, si bien es comentario de los que acudieron al evento que el pebetero fue instalado frente al Arco Romano. Un coro diocesano entonaba cantos rituales. El alcalde de Medinaceli, señor Gonzalo Ramírez Lafuente, fue el encargado de recibir oficialmente la Antorcha Olímpica y, en su honor, dirigió un mensaje a todos los pueblos del mundo: “En ustedes, joven generación en cuya mano se halla el porvenir del mundo, está nuestra confianza. Y exhortamos y hacemos votos porque esta paz que ha de presidir la Olimpiada acompañe la vida de ustedes y la de sus naciones. Que el espíritu de convivencia, emulación y paz que regirá en las competencias los acompañe en el futuro.” Y agregó: “El mundo lo necesita y México, hermano entrañable de España, que brindará hospitalidad a la Olimpiada, lo merece. Vuelvo la mirada a ustedes, hombres jóvenes, que, superando las dificultades de toda índole, están disponiéndose a vivir etapas de hermandad, de convivencia y de lucha deportiva, pero en paz fraternal.”

Tuvo el honor de encender el pebetero el atleta soriano José Luis Calvo, y por la noche el Fuego Olímpico fue velado por atletas de la provincia que también lo transportaron hasta el límite de la provincia.

Fuentes: http://alejandría.ccm.itesm.mx; Imagen de José Luis Calvo de “Revista de Soria” (Información de “Amigos del Museo Numantino”)

Fotografía :Luis María de Pazos Salmerón ©

Texto: Fernando Ubieta Bravo

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