No fue leyenda

crimen

No creo que alcanzara el metro y medio de altura cuando el Sr. Martín, el Caminero, sabio hoy en día, si bien ya nos dejó hace bastantes años, me enseñó una placa de guarda de ganado, o forestal, ya que no recuerdo con tanta exactitud a que oficio correspondía, para a continuación relatarme un suceso que en Arbujuelo había acaecido muchos años atrás. Yo entendí que no dejaba de ser una leyenda que, como casi todas, se había iniciado con un hecho sin importancia y que, con el transcurso de los años, se vio inflada como un balón de playa.

Nunca olvidé ese relato a la hora de contar historias al poyo de la fresca con mis hijos y los de mis amigos del pueblo, los que a buen seguro, pensarían con la misma incredulidad que yo años ha.

Volviendo al relato inicial, la placa, por cierto, bien conservada, perteneció a un guarda que fue asesinado en una reyerta en el monte de Arbujuelo, motivada por cuestiones que hoy serían domésticas.

Si bien conocía el libro “Crímenes y asesinatos en Soria”, del autor José Vicente de Frías Balsa, publicado en 1998 por él mismo, y más concretamente el capítulo correspondiente al crimen que el Diario de Soria ha transcrito el pasado día 6 de marzo (página 10), no encontré en su momento paralelismo alguno entre lo que yo consideraba como una leyenda y el apartado del referido libro. Tuvo que ser con la lectura del diario cuando me percaté de que los apellidos de los implicados eran sumamente familiares para mí, más aún cuando habiendo elaborado recientemente un “todavía incompleto” árbol genealógico de las gentes de Arbujuelo, acudí a la “entrada: Mateo Gil Chamorro”.

Efectivamente, él y su esposa, Pía Heredia, constaban entre mis datos, y además la víctima del suceso era antepasado de muchos con los que he jugado de pequeño y, sobra decirlo, de muchos de los amigos de mis hijos.

Mateo nació en Arbujuelo el 21 de septiembre de 1874, con lo que a la fecha de su asesinato, ya que así fue considerado el crimen en el juicio, contaba con únicamente 29 años de edad, siendo descendiente directo de naturales del pueblo.

Por último, de la lectura del Diario de Soria se desprende que la viuda, Pía Heredia, sufrió un desmayo en el acto del juicio al ser preguntada por si conocía a los acusados. ¡Claro que los tenía que conocer!, y más si tenemos en cuenta las dimensiones de Arbujuelo, que por aquél entonces andaría por unos 150 habitantes. Acudió Pía al juicio, celebrado el 22 de noviembre de 1904, con su hijo Juan en brazos, el que solo contaba con 11 meses de vida (nació en Arbujuelo el 5 de diciembre de 1903), de lo que se desprende que nació póstumo y, de ahí, podamos comprender mejor la gran presión de la viuda al encontrarse con los asesinos del padre de su hijo.

Uno de los autores era menor de edad cuando cometió el crimen, siendo condenado a más de 17 años de prisión; pero será en otra ocasión cuando repasemos la responsabilidad que los menores tenían, no ya solo en la comisión de faltas o de pequeños delitos, sino en crímenes como el que hemos podido repasar en estas líneas.

Fernando Ubieta Bravo

Arbujuelo

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